Cadenas alimenticias: Un llamado a los consumidores

Publicado originalmente en La Voz, Edición Junio 2015.

Por Jessica L. Delgado

¿Derechos laborales? Este nunca ha sido un tema fácil de digerir para trabajadores agrícolas inmigrantes a los Estados Unidos. La capacidad que tiene un trabajador de ejercer estos derechos está vinculada a los deberes del consumidor. Toda la comida que ingerimos como individuos la compramos de compañías que dictan la vida de los trabajadores agrícolas. Es así como se establece la ‘cadena alimenticia’.

“El trabajador agrícola no tiene derechos y es ridículo que sea así en el año 2015, ¿es que acaso no somos trabajadores?” –se pregunta Heriberto González (segundo de la izquierda) durante la mesa redonda en Upstate Films.

“El trabajador agrícola no tiene derechos y es ridículo que sea así en el año 2015, ¿es que acaso no somos trabajadores?” –se pregunta Heriberto González (segundo de la izquierda) durante la mesa redonda en Upstate Films.

Upstate Films en Woodstock recientemente presentó el documental Food Chains, Feeding the Nation at Any Cost (Cadenas alimenticias, alimentando a la nación a cualquier precio) que expone la violación a los derechos laborales de inmigrantes trabajadores agrícolas en los Estados Unidos, específicamente en Immokalee, en el estado de Florida. También expone la perseverancia de éstos trabajadores quienes formaron la Coalición de Trabajadores de Immokalee, lo cual nos recuerda del costo humano en la producción de nuestra comida.

Como parte del programa, hubo un panel con cuatro presentadores muy relevantes al tema. De derecha a izquierda: el director del documental, Sanjay Rawal; a su izquierda se sentaba Ric Orlando, un chef cuyo propósito es cocinar exclusivamente con ingredientes disponibles dada la temporada en su restaurante New World Home Cooking Co.; en el centro estaba el moderador de la conversación, Bob Dandrew, Director de Local Economies Project, una organización sin fines de lucro que apoya a comunidades en el Valle del Hudson a enriquecer su sector agrícola; luego Heriberto González, ex–trabajador agrícola convertido en represente y alcance comunitario para el Rural & Migrant Ministry y la coordinadora del departamento de Empoderamiento para Jóvenes en la misma organización, Katia Chapman.
Bob Dandrew comenzó la conversación presentando a todos los panelistas. Ric Orlando mencionó la importancia del documental ya que expone la vida de los inmigrantes granjeros en este país y destacó el papel que juegan los chefs en la cadena alimenticia. Los comercios tienen el poder de hacer del sistema alimenticio lo que es hoy día, dijo Ric, pero nuestro comportamiento como consumidores también tiene que cambiar, ya que el sistema de justicia social depende mucho del consumidor. Resaltó también lo absurdamente barato que es la comida producida en EE.UU., lo cual influye increíblemente en el salario de los trabajadores y el ingreso del productor.

Sanjay Rawal, el documentalista que le da voz a individuos marginalizados por la sociedad, habló primordialmente de aquellos mediadores, o coyotes como se les dice en México, cuyo rol se ha convertido en el de manipuladores egoístas beneficiándose de inmigrantes ilegales quienes no entienden el sistema de este país. Heriberto González contó su historia personal de cómo llegó al país con su hermano y, pues, es una vergüenza que existan estos coyotes aprovechadores, es un comercio que presenta un grave problema transfronterizo. Por otro lado, Sanjay también resaltó lo impresionado que está con los granjeros del Valle de Hudson, cuyo diálogo con los inmigrantes es mejor en comparación al de otras comunidades donde ni siquiera existe la comunicación.

Heriberto observó que las condiciones que presentaban los trabajadores agrícolas de Florida en la película existen aquí en el estado de Nueva York pero a menor escala. En general, en las granjas conectadas a grandes corporaciones se ven más las violaciones a los derechos del inmigrante trabajador, no en las granjas pequeñas, donde se produce para el consumidor local. Un granjero local, sentado en la audiencia, se sintió ofendido por el documental, insistiendo que ese no es el caso para todas las granjas aquí en el área, que él mismo no maltrata a sus trabajadores y verifica que tengan permiso de empleo antes de que trabajen para él. Pero no hay por qué enfadarse, respondió Heriberto, ya que vivimos en una época donde los derechos del trabajador deben ser reconocidos y el diálogo entre trabajadores y granjeros es necesario.

Aquí en el Valle del Hudson, los productores agrícolas no consiguen lo suficiente en ganancias para suplementar sus gastos en el proceso de producción. Esto se atribuye, en parte, al bajo precio de los productos vendidos en el mercado, comprados a precios inauditos por los grandes comercios. De modo que la vida y el nivel de justicia social que presencian los trabajadores aquí dependen enormemente del trabajo de personas, como los panelistas, involucrados en la cadena alimenticia local.

Para más información, leer sobre el programa Fair Food (fairfoodprogram.org) en el que los trabajadores reciben asistencia financiera y psicológica para ejercer sus derechos en el campo.

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